martes, 4 de marzo de 2014

Lucky

Hoy ha sido un gran día, aunque empezó siendo uno más de tantos.

La noche no fue buena. No soñé nada especial pero me desperté como tres o cuatro veces con esa sensación de haberte quedado dormido y de llegar tarde al trabajo. Cuando finalmente sonó el despertador, le di un manotazo y me acurruqué a Penélope, decidido a apurar al máximo mi tiempo en la cama. Tanto lo apuré, que me quedé dormido y tuve que vestirme y salir a toda prisa de casa sin tomarme un café siquiera, con lo que eso significa.

Llegué al hotel somnoliento, algo malhumorado y deseoso de que el día transcurriese lo más rápido posible. Y no, obviamente no. Se hizo laaargo y monótono como ninguno.

Hace unos días haciendo el cabra con la bici me hice un esguince de muñeca, y si bien no me molesta en exceso, sí que lo hace el reposo que supuestamente debería tomar y que no tomo. Me cuido con cremas y una muñequera terapéutica, pero aún así ando medio manco en el trabajo y eso hace que mi mal humor aumente progresivamente.

Cuando terminó la jornada, solo pensaba en llegar a casa y acabar con mi mala fe con una buena siesta. Pero en vez de eso, decidí ejercer (de nuevo) de informático en casa de Sole. A este paso les exigiré un jamón por Navidad o algo.

Una vez solucionado el problema informático en cuestión e intentado educar (fijo que en vano) a la susodicha propietaria, nos liamos todos de cháchara y entre tés y anécdotas me dieron las 6, hora en que fui a buscar a Penélope.

Resulta que mi plan original esta tarde era ir a Musselburgh a recoger un congelador que andábamos buscando y que un alma caritativa regalaba si lo íbamos a buscar. Musselburgh está en el quinto pimiento de todo e ir solo allí sin saber las dimensiones del cacharro me echaba un poco para atrás, así que me encontré con Penélope y gustosamente se ofreció a acompañarme. Y bendita la hora.

El congelador resultó ser BASTANTE más grande de lo esperado. Era impensable montarlo en el bus, por lo que recurrimos al plan B: llamar a un taxi y que nos dejara en la puertita de casa. Y ahí fue donde nos tocó la lotería. El taxista no solo no nos mandó a tomar por culo al ver el mostrenco que transportábamos (quizá omitimos ese detalle deliberadamente, quizá), si no que nos ayudó a subirlo al coche todo voluntarioso, donde cupo sin más problemas. Al llegar a casa, nos miró a los dos, miró a Penélope, nos miró de nuevo y dijo: "seguro que además vivís en el tercero, ¿verdad?". Le dijimos que sí y, ni corto ni perezoso, se ofreció a subir el congelador hasta casa, hasta la cocina misma. No supe como darle las gracias. Y me arrepiento de no haberle dejado una propina sustanciosa. Ojalá más personas así en el mundo.

Así que genial. Tras esta pequeña aventura, tenemos el anhelado congelador extra y solo por las 23£ que nos costó el taxi.

Y ahí no acabó la cosa. Al llegar teníamos correo. Una postal muy esperada (de las de: "imposible tener un día malo si nada más levantarme veo esto"), y el aviso de un paquete para mí con algún componente de mi pack DS+R4DS+microSD.

Además, Penélope encontró por fin el cortauñas que llevaba buscando (y dando el coñazo) durante semanas.

Añadimos el nuevo cuadrito a la caótica pero personal colección de nuestra pared. Y la habitación por fin comienza a parecer más nuestra. Y el piso empieza a ser una casa, un pequeño hogar.

[Sonando ††† (Crosses) — Crosses]


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