La noche no fue buena. No soñé nada especial pero me desperté como tres o cuatro veces con esa sensación de haberte quedado dormido y de llegar tarde al trabajo. Cuando finalmente sonó el despertador, le di un manotazo y me acurruqué a Penélope, decidido a apurar al máximo mi tiempo en la cama. Tanto lo apuré, que me quedé dormido y tuve que vestirme y salir a toda prisa de casa sin tomarme un café siquiera, con lo que eso significa.
Llegué al hotel somnoliento, algo malhumorado y deseoso de que el día transcurriese lo más rápido posible. Y no, obviamente no. Se hizo laaargo y monótono como ninguno.
Hace unos días
Cuando terminó la jornada, solo pensaba en llegar a casa y acabar con mi mala fe con una buena siesta. Pero en vez de eso, decidí ejercer (de nuevo) de informático en casa de Sole. A este paso les exigiré un jamón por Navidad o algo.
Una vez solucionado el problema informático en cuestión e intentado educar (fijo que en vano) a la susodicha propietaria, nos liamos todos de cháchara y entre tés y anécdotas me dieron las 6, hora en que fui a buscar a Penélope.
Resulta que mi plan original esta tarde era ir a Musselburgh a recoger un congelador que andábamos buscando y que un alma caritativa regalaba si lo íbamos a buscar. Musselburgh está en el quinto pimiento de todo e ir solo allí sin saber las dimensiones del cacharro me echaba un poco para atrás, así que me encontré con Penélope y gustosamente se ofreció a acompañarme. Y bendita la hora.
El congelador resultó ser BASTANTE más grande de lo esperado. Era impensable montarlo en el bus, por lo que recurrimos al plan B: llamar a un taxi y que nos dejara en la puertita de casa. Y ahí fue donde nos tocó la lotería. El taxista no solo no nos mandó a tomar por culo al ver el mostrenco que transportábamos (quizá omitimos ese detalle deliberadamente, quizá), si no que nos ayudó a subirlo al coche todo voluntarioso, donde cupo sin más problemas. Al llegar a casa, nos miró a los dos, miró a Penélope, nos miró de nuevo y dijo: "seguro que además vivís en el tercero, ¿verdad?". Le dijimos que sí y, ni corto ni perezoso, se ofreció a subir el congelador hasta casa, hasta la cocina misma. No supe como darle las gracias. Y me arrepiento de no haberle dejado una propina sustanciosa. Ojalá más personas así en el mundo.
Así que genial. Tras esta pequeña aventura, tenemos el anhelado congelador extra y solo por las 23£ que nos costó el taxi.
Y ahí no acabó la cosa. Al llegar teníamos correo. Una postal muy esperada (de las de: "imposible tener un día malo si nada más levantarme veo esto"), y el aviso de un paquete para mí con algún componente de mi pack DS+R4DS+microSD.
Además, Penélope encontró por fin el cortauñas que llevaba buscando (y dando el coñazo) durante semanas.
Añadimos el nuevo cuadrito a la caótica pero personal colección de nuestra pared. Y la habitación por fin comienza a parecer más nuestra. Y el piso empieza a ser una casa, un pequeño hogar.
[Sonando ††† (Crosses) — Crosses]
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