En todas partes cuecen habas, y me avisaron de ello nada más llegar.
Hay unos rollos rarunos en mi trabajo últimamente. Grupitos cotillas, comentarios fuera de lugar, comportamientos cuestionables, personas falsas. Unos criticando a otros, otros cumpliendo a expensas de la incompetencia de los unos.
El caso es que esto, lo cual se ha acentuado más tras el brusco recorte de horas porque sí a una empleada y la actitud descaradamente impresentable de otra, no es nuevo, si no que ya venía de largo y yo no me había querido dar cuenta hasta ahora. Y a pesar de que empatizo más con los otros que con los unos, quiero intentar centrarme en hacer bien mi trabajo, mostrar siempre mi mejor sonrisa y ser un buen compañero para con todo el mundo.
Creo que es inherente a cualquier trabajo una moderada dosis de falsedad y buenos modales hacia los compañeros y clientes, así que he decidido (a mi pesar) que es algo que desgraciadamente tengo que aprender. Aunque muchas veces, uno no sabe si prefiere vivir en la feliz ignorancia o, por el contrario, estar enterado de lo que se cuece alrededor y actuar como si no. Asumir que la gente habla de ti a tus espaldas mientras te pone su mejor cara cuando hablas con ellas imagino que son gajes del oficio. Y ser consciente de que un día todos esos malos rollos pueden tornarse hacia mí, sin quererlo ni beberlo, pues es un avance, oye.
Pese a todo ello y aunque me cueste madrugar, estoy feliz y voy con grandes ánimos al hotel cada mañana. Pero eso sí, como dicen en mi casa: si las barbas de tu vecino ves arder, pon las tuyas a remojar.
Mañana tenemos la cena de Navidad del staff y habrá alcohol y karaoke. Ya os contaré ;)
[Sonando Velociraptor! — Kasabian]
No hay comentarios:
Publicar un comentario