domingo, 15 de febrero de 2015

Aprendo aprendo

Bromsgrove es un pueblo, un suburbio a 20 minutos en tren de Birmingham con poca cosa que ofrecer, una ciudad dormitorio a la que poco a poco me voy haciendo (Edimburgo dejó el listón demasiado alto, me temo). Llegué aquí tras una serie de curiosos acontecimientos que... bueno, rebobino desde el principio.

En septiembre hice una semana de prácticas en Clent Hills Veterinary Group con los gastos pagados, la cual ofertaba un internship para recién graduados. Dicho grupo está dividido en tres sucursales: una clínica de pequeños en Hagley, una más grande en Bromsgrove también de pequeños, y una de caballos en... no sé donde exactamente.


Por cosas de la vida, yo fui el único candidato y, a pesar a que les causé buena impresión y valoraron mi entusiasmo y ganas de aprender, me vieron demasiado verde como para reportar algún beneficio a corto plazo a la clínica. Entonces decidieron cancelar el programa ofreciéndome a cambio un mes adicional de prácticas bajo mi propia cuenta y riesgo, a realizar cuando a mí me conveniese. Dije de hacerlo después de Navidades, en Enero. Así que en eso quedamos.

A principios de Diciembre, Janet (Janet, bendita Janet), la manager coordinadora de la clínica de Hagley, se puso de nuevo en contacto conmigo para concretar fechas. En una de estas le dije que en vez de hospedarme en un hostal, tenía pensado buscar un piso compartido en Birmingham, con el fin de reducir gastos. Cual fue mi sorpresa cuando a los pocos días me escribe diciendo que la clínica posee un pequeño apartamento en Bromsgrove en el que podría hospedarme sin pagar más que los gastos de agua y luz los tres primeros meses, y que después ya veríamos. Perplejo del asombro, le pregunto que qué era eso de tres meses, ya que el acuerdo era por un mes solamente. A lo que me contestó que no, que era por tres meses y que una vez transcurrieran ya veríamos qué pasaba conmigo. Si aprendía lo suficiente y si me encontraba a gusto, no tendrían reparo en principio de contratarme.

Os podéis imaginar la sorpresa y la euforia. Fue el mejor regalo de Navidad (adelantado) que he recibido en mi vida.

Así que bueno, pasó el tiempo y el 17 de Enero me mudé a un pisito muy cuco, pequeño y compacto pero práctico y funcional, que era mucho más de lo que me esperaba. Tras cogerle el tranquillo al sistema de calefacción y con el único "pero" de no tener conexión a internet, estoy la mar de a gusto en él.

Respecto a la experiencia en la clínica... bueno, increíble. El equipo me ha hecho sentir cómodo e integrado desde el primer momento. Rod, mi jefe, un veterinario sudafricano con más de 30 años de experiencia con completa vocación por el oficio. No hay día en el que no aprenda algo nuevo con él (lo cual tampoco es muy difícil teniendo en cuenta mi extensa experiencia práctica (já). Y por lo general, está siendo una experiencia enriquecedora e interesantísima.

Todos los días trabajo en Hagley, a donde voy y vengo en el coche de alguien de la clínica, excepto los miércoles, día en el que Rod trabaja en Bromsgrove y se dedica, por lo general, a operaciones menos rutinarias (muchas ortopedias).

En el mes que llevo, ha habido días mejores y días peores. Ya he dicho que el equipo me ha acogido de manera impecable, pero eso no quita que en muchas MUCHAS ocasiones, me sienta bastante inútil. En este tiempo me he dado cuenta de que la formación recibida en la uni deja mucho que desear y que la falta de práctica y experiencia con la que salimos es abismal y vergonzosa.

Me comentan las enfermeras que en sus 3 años de diplomatura, tienen unas 60 semanas de prácticas. Los veterinarios tienen el último casi exclusivo de prácticas rotativas, así como practicas obligatorias durante los veranos de la carrera. Casi casi igual que nosotros, vaya.

Por este motivo, estoy aprendiendo no solo de Rod, si no de el resto de veterinarios y enfermeras que pacientemente acceden a que les ayude con las tareas más básicas, tales como curas, vacunas, sedaciones, anestesias, intubaciones y cateterizaciones. Poco a poco voy cogiendo confianza y sintiéndome menos estorbo en medio de esta rutina. Las cirugías habituales empiezan a no ser un misterio para mí y no creo que tarde mucho tiempo en que me dejen realizar alguna por mí mismo.

Cuando llega el viernes, estoy muerto. Puede sonar un poco "nena", pero la verdad es que tras esas largas jornadas en las que aprendo no solo a nivel de procedimientos básicos, si no también de idioma, llego agotado. Por eso algún día me he ido antes a casa, o incluso no he ido a trabajar para sentarme a estudiar debidamente y ordenar todas esas notas y vocabulario que no paro de tomar.

También voy conociendo mejor a Rod. Rod es pasionado, autoexigente, intenso. La mayoría de los días es un placer trabajar con él, pero tiene sus momentos. Cuando algo se le tuerce o no sale como él esperaba, estalla pagándola con el primero que encuentre, lo cual hace que su estado anímico condicione el día a día al resto de personas de la clínica. Esto, que en teoría podría resultar un punto negativo, no lo es tanto ya la gente sabe cómo es y sabe manejarlo. Además, tras cada berrinche, no hay una vez en la que no se disculpe por sus modos y dé una explicación más calmada de porqué actuó como actuó, lo cual es mucho de agradecer.

No sé. Estoy aprendiendo una barbaridad y me siendo realizado. Avanzando poco a poco y estudiando mucho, espero que cuando terminen estos tres meses me quieran con ellos y me den la oportunidad que es (casi) imposible encontrar en España.

Como únicos puntos negativos dejando al lado la experiencia en la clínica, es que el transporte entre pueblos es escaso y caro, muy caro. El billete autobus Bromsgrove-Hagley es de £4,10. Y el tren no es viable, ya que aunque los pueblos están cercanos, no están comunicados entre sí, por lo que hay que hacer transbordo en Birmingham, lo cual encarece y alarga el viaje en exceso. Es un sitio muy coche-dependiente, pero bueno... todo a su debido tiempo.

Y luego, el viaje a Edimburgo para poder ir a ver a Penélope o que ella venga a mí ha resultado más caro y difícil de lo esperado, por lo que no nos vamos a poder ver todo lo que quisiéramos en este tiempo. Debido a esto, hemos pasado este fin de semana de San Valentín separados y ha sido... raro. Si algo bueno se le puede sacar a todo esto, es que disfrutaremos más de los momentos juntos en un futuro, cuando los medios de transporte y la economía nos lo permitan.

[Sonando Listen — The Kooks]

Pasó Diciembre. Pasaron las Christmas Parties y los trabajos de catering. Pasó el entrar o salir de casa a horas intempestivas. Pasaron las listas de reproducción repetidas hasta la saciedad, los borrachos eufóricos y las bandejas repletas de vasos. Pasó lo mejor, el haber compartido todo eso con unos compañeros que llegaron a convertirse en una pequeña familia.

Pasó Nochevieja, el largo viaje en avión, la noche en el aeropuerto, las uvas, el ron. Pasaron fugaces las quedadas con los amigos y gentes de Zafra, donde parece que no pasa el tiempo y todo sigue igual. Pasaron las comidas y compromisos con la familia, por donde el tiempo sí pasa. Pasó el periodo más breve e intenso que he vivido en casa, 10 días en los que quise hacer demasiado, ver demasiado y abarcar demasiado. Demasiado tiempo fuera de casa, que es a lo que iba y donde se me requería y aunque disfruté de lo lindo, no lo volveré a hacer.

Pasó la mitad de enero, los preparativos, las maletas, dormir con Penélope.

Y me mudé a Bromsgrove.

[Sonando Libre asociación — The New Raemon]